Aunque sientas el cansancio; aunque el triunfo te abandone; aunque un error te lastime; aunque un negocio se quiebre; aunque una traición te hiera; aunque una ilusión se apague; aunque el dolor queme los ojos; aunque ignoren tus esfuerzos; aunque la ingratitud sea la paga; aunque la incomprensión corte tu risa; aunque todo parezca nada; ¡VUELVE A EMPEZAR!

Cuando el pozo se cierra


Usted fue creado para la acción más que para la reacción. Generalmente estamos reaccionando de la manera equivocada ante las cosas que nos suceden, porque no nos preparamos para poder enfrentarlas. Cada vez que nos toca pasar por la adversidad, es necesario entender que ésta tiene como propósito convertirnos en mejores personas, no en más amargadas personas. Todo depende de nuestra actitud. La diferencia entre un obstáculo y una oportunidad es nuestra actitud hacia él. Como dijo Herb Cohen: Usted y yo no vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros. Usted nunca verá salir el sol si sólo se dedica a mirar hacia el oeste. Cambie la palabra lamentar, por la palabra trabajar; cambie la posición de resistir, por la de recibir. En uno de mis libros escribo que cada persona viene al mundo con una palabra: Trabajo.

Esta palabra aparece quinientas sesenta y siete veces en la Biblia, según la concordancia Strong. Es una palabra que Dios le deja claro al primer hombre de la historia de la creación, Adán, cuando le explica que con el sudor de su frente comería. Más tarde dirá el apóstol San Pablo: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma ( 2da Tesalonicenses 3,10) Cada cosa requiere trabajo, y en esta ocasión sustituiré la palabra trabajo por la palabra esfuerzo. Tener un título académico requiere esfuerzo; tener estabilidad económica requiere esfuerzo; tener un buen matrimonio o una buena relación de pareja requiere de un gran esfuerzo; tener una buena familia requiere esfuerzo; tener una buena salud requiere esfuerzo; tener paz requiere de un mucho mayor esfuerzo; hasta mantenerse de pie requiere esfuerzo, ya que la misma gravedad nos empuja hacia abajo. Realmente hasta para pararse de la cama cada mañana usted requerirá de un gran esfuerzo, pues su propio cuerpo es el primero que le pide que no haga nada. Es por eso que siempre insisto que para obtener cada cosa de valor en la vida, es necesario dar el máximo de uno mismo. Muchas veces lo imposible es lo que no se ha tratado de hacer. Dios no quiere que usted esté quieto. Las personas son como los árboles, o crecen o se marchitan. Y quiero que entienda algo, los mayores logros de la humanidad se obtuvieron cuando se presentaron los mayores desafíos. Cada cosa dura que le toque pasar, puede ser la antesala de algo grande de lo que usted y otros se van a beneficiar.

En la Biblia aparece el ejemplo de Isaac el hijo de Abraham. Analice conmigo el siguiente texto: Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno. Y el Señor lo bendijo. Y el hombre se enriqueció, y siguió engrandeciéndose hasta que llegó a ser muy poderoso, pues tenía rebaños de ovejas y vacadas y mucha servidumbre, y los filisteos le tenían envidia. Y todos los pozos que los siervos de su padre habían cavado, los filisteos los cegaron llenándolos de tierra Isaac volvió a cavar los pozos de agua que habían sido cegados (Génesis 26, 12-ss)

Isaac era un hombre próspero, pues había heredado fortuna, pozos y tierras de su padre Abraham. Este le había dejado una buena herencia, pero también le había dejado una buena instrucción. Dios bendiga a los padres que se ocupan no sólo de la herencia, sino también de los herederos y se ocupan de dejarles una buena instrucción en el camino del Señor. La fuente de la riqueza de Isaac era el pozo de agua que había heredado, pues esa tierra era desértica y el agua escasa; el que tenía el agua, tenía la fuente de la riqueza. Pero dice el texto que vinieron los filisteos y por envidia le cerraron el pozo, echándole tierra. De repente apareció alguien que le quitó lo que él tenía y que era muy valioso. En un instante desapareció la fuente, que quiere decir, desapareció lo que le daba tranquilidad, lo que le daba estabilidad a Isaac. ¿Me está entendiendo? Aquello que era la base de la estabilidad de Isaac y de toda su empresa de sapareció. Sé que me está entendiendo porque a lo mejor a usted también ya le ha pasado. Alguien por envidia o por no sé que, ya le cerró el pozo a usted. Se fue esa persona y usted siente que la felicidad se le secó. Murió alguien muy amado y usted siente que el pozo de la alegría se cerró. Perdió ese empleo, se cayó ese negocio, pasó por ese fracaso, ocurrió esa desgracia y usted siente que el pozo se cerró. Y lo más común es detenerse, paralizarse y lamentarse por lo ocurrido. Maldecir a quien nos cerró el pozo, llenar el corazón de odio hacia esa persona. Culparnos a nosotros mismos por nuestros errores y fracasos. Note que la Palabra de Dios es clara con respecto a lo que hizo Isaac. Quiero que me entienda bien.

Lo importante no es el fracaso por el que usted pase, sino lo que usted HAGA después de ese fracaso. ¿Sabe lo que hizo Isaac?, agarró sus herramientas y cavó otro pozo. Dijo: Me cegaron este pozo, pero todavía tengo mis herramientas, tengo mis manos, tengo mi cerebro, tengo la fuerza y tengo lo que sembró mi padre en mí: Fe. Adelante, abramos otro pozo ¿Por qué no hace usted lo mismo?, ¿Por qué no vuelve a cavar su pozo? Lo curioso es que al seguir estudiando este episodio de la vida de Isaac, descubrimos que después de abrir el pozo, se lo volvieron a cerrar. Tres veces le cerraron el pozo, y tres veces lo volvió a abrir. Lo abrió tantas veces como se lo cerraron. Nada detenía a Isaac y, ¿sabe por qué? Porque Isaac estaba determinado a seguir luchando. Recuerde lo siguiente: Pocos tuvieron éxito porque estaban destinados; muchos lo alcanzaron porque estaban DETERMINADOS No renuncie nunca, por nada ni por nadie. Sólo hay un grado de diferencia entre el agua caliente y el vapor de agua.

Además, ¿sabe que hacía Dios mientras tanto? Estaba esperando ver lo que haría Isaac. No intervino hasta después que Isaac había cavado tres pozos. Ni siquiera vimos a Isaac quejarse ni llorar ante Dios por su desgracia. El empezó haciendo lo que estaba a su alcance, poniendo todos sus recursos disponibles a trabajar. Ni siquiera oró pidiendo ayuda. Primero hizo todo lo que para él era posible. Después del esfuerzo de Isaac, Dios aparece y le dice: Yo soy el Dios de tu padre Abraham, no temas porque yo estoy contigo. Y te bendeciré y multiplicaré tu descendencia (Génesis 26, 24). Con usted es igual. Antes de impartir la bendición, Dios necesita ver en usted la determinación y la capacidad de luchar. Si ya ha perdido o le han quitado algún pozo, póngase a cavar otro. Explore nuevos horizontes. Determínese a no rendirse. Tome el mejor recurso que tomó Isaac: la Fe. Yo le tengo una tremenda noticia. Por cada pozo que se cerró, Dios pondrá otros tres frente a usted, si usted es capaz de cavarlos. Entonces: ¿Qué espera para ponerse a trabajar?

Las oportunidades pueden caer sobre sus rodillas si usted tiene sus rodillas donde caen las oportunidades: Frente a Jesús.


DE SAULO HIDALGO

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