Aunque sientas el cansancio; aunque el triunfo te abandone; aunque un error te lastime; aunque un negocio se quiebre; aunque una traición te hiera; aunque una ilusión se apague; aunque el dolor queme los ojos; aunque ignoren tus esfuerzos; aunque la ingratitud sea la paga; aunque la incomprensión corte tu risa; aunque todo parezca nada; ¡VUELVE A EMPEZAR!

El Misterio Del Arco Iris




La unión de colores en el cielo, la unión de inquietudes y situaciones en nuestra vida ¿es un misterio?

Cuando el rojo pasión se une con el verde esperanza resurge el color tierra haciéndonos recordar que somos barro modelado por las manos de Dios. La esperanza de nuestro corazón y el fuego de nuestra alma nos indican que estamos vivos, que luchamos por algo importante y que en la vida hay más belleza en dar que en recibir porque la tierra, el barro, es un don gratuito de Dios que nos ofrece a diario para que construyamos formas distintas en las que podamos ser nosotros mismos.

Cuando el azul tranquilo, signo de estabilidad y profundidad se une con el amarillo sabio, inteligente y enérgico nace en nuestra alma la serenidad y sosiego basado en los fuertes pilares del Amor verdadero, de aquel amor que a veces nuestros ojos se cierran a ver y sin embargo permanece brillando en nuestra alma.

Cuando el negro del poder, la elegancia, la formalidad, la muerte y el misterio se une con el blanco cargado de luz, bondad e inocencia aparece un gris que nos recuerda la perfección de la vida en los vaivenes de situaciones y acontecimientos. En ese gris hay tonos más fuertes y más suaves que nos invitan a ver con mayor claridad quienes somos y hacia donde vamos.

El naranja combina la energía del rojo con la felicidad del amarillo. Se le asocia a la alegría, el sol brillante. El naranja nos recuerda que estamos vivos, que aceptamos nuestro ser con nuestras limitaciones y grandezas. Que nunca es tarde para empezar de nuevo a vivir y a ser aquello que queremos ser y que somos.

El púrpura aporta la estabilidad del azul y la energía del rojo. Nos viene a recordar con sus destellos que Dios es el centro de nuestro ser y hacer y que nuestro corazón siente, vive, sufre, llorar, ríe... en función de lo que vivimos, en función de lo que somos.

El color café, que surge del marrón amarillento representa la capacidad de entregar todo el esfuerzo y el trabajo a nuestros amigos con el único fin de hacerles felices. Anuncia una vida espiritual sedienta de verdad y de sencillez.

El rosa que surge del rojo aclarado anuncia la capacidad maravillosa que tenemos de amar aprendiendo día a día a vivir mejor y ser felices.
Nos recuerda una vida emocional basada en el amor que es capaz de vencer todos los obstáculos y ganar todas las luchas. Ayuda a un desarrollo espiritual que está basado en el amor a Dios por sobre todas las cosas del mundo.

La ausencia de color representa la incapacidad de crecer porque nuestro ser interno está limitado y atrapado por el dolor y las dudas.
Anuncia una vida emocional nula. Ayuda a un desarrollo espiritual en el cual en el camino de la vida se encuentra siempre una ayuda para cambiar y crecer.

Amigo mío, dame tu mano caminemos por ese arco iris en el que Dios mezcla la creación con los sentimientos y situaciones de nuestra vida. Miremos al frente, pongamos lo que somos en sus manos, lo que vivimos en su santuario, dando gracias por lo bueno y por aquello que nos ayuda a crecer, aunque a veces sea a base de sufrimiento.

Pintemos a nuestro paso bellos trazos de colores en los que recordemos al mundo que no existe un color único, que nada es perfecto ni imperfecto en su pura esencia. Que la vida está hecha de mezclas pero que nosotros somos los protagonistas de nuestro cuadro y que convertiremos un blanco lienzo en una bella obra de arte basada en el amor, el perdón y la amistad.


La vida es misterio, el ser humano es misterio, el arco iris es misterio pero... ¡que suerte tenemos de poder ir descifrando con el paso de la vida cada uno de esos colores que forman nuestro ser!

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