Aunque sientas el cansancio; aunque el triunfo te abandone; aunque un error te lastime; aunque un negocio se quiebre; aunque una traición te hiera; aunque una ilusión se apague; aunque el dolor queme los ojos; aunque ignoren tus esfuerzos; aunque la ingratitud sea la paga; aunque la incomprensión corte tu risa; aunque todo parezca nada; ¡VUELVE A EMPEZAR!

SUBIBAJA



"Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?" Jeremías 17:9

Cuando era chico, me llevaban a la plaza. Como vivía en un departamento, la plaza era el lugar de la diversión. Combinaba hamacas, toboganes, areneros y subibajas. Todos los juegos me gustaban, pero el más violento era este último.

Era una tabla de madera sobre un atril de metal que oscilaba según el peso que tenía en las puntas. Al estar abajo empujábamos con las piernas para subir con fuerza y hacer bajar a quien estaba en el otro extremo.

El que bajaba intentaba amortiguar la caída con sus piernas y empujaba para subir, y hacer que el otro baje. Jugábamos durante horas hasta que las piernas quedaban agotadas de tanto subir y bajar.

Cuando entré en la adolescencia dejé el juego porque me parecía infantil y opté por la montaña rusa. Un tren que subía y bajaba pendientes pronunciadas a gran velocidad. El vértigo y la adrenalina que generaba era extremadamente superior al antiguo subibaja, pero el concepto era el mismo. A veces estabas arriba y a veces estabas abajo.

Esta tendencia es una constante en la vida. Es imposible permanecer siempre en un mismo status. Tenemos algún problema y nos deprimimos, pero al tiempo pasa y volvemos a estar bien. Vamos a una conferencia y nos consagramos, pero al tiempo nos olvidamos y volvemos a la monotonía de antes.

Todo el tiempo nuestro estado de ánimo cambia. Sube y baja y la vida se acomoda a este vaivén emocional. Nos acostumbramos a movernos según como nos sentimos y eso es peligroso.

El sentimiento es un mal consejero al momento de tomar decisiones porque es totalmente subjetivo. Por eso nos advertía Jeremías que tengamos cuidado con nuestro ánimo, porque engaña. Dios es un Dios de la razón y de la lógica. No se maneja con sentimientos ni decide influenciado por la emoción.

Dios siempre decide con objetividad y criterio. Nosotros no. Por eso nos recomienda tener cuidado con el subibaja de nuestro animo, y racionalizar nuestros impulsos.

Nos invita a evitar el péndulo de nuestra conducta para ser mas equilibrados y evitar los sentimentalismos y emociones, para aplicar un concepto equitativo a nuestras elecciones.

Siempre va a ser oscilante nuestro estado de ánimo. El desafío de hoy es aprender a manejarlo, para que no nos domine. Madurar es ser objetivo.

REFLEXIÓN - Ojo con el subibaja.

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