Aunque sientas el cansancio; aunque el triunfo te abandone; aunque un error te lastime; aunque un negocio se quiebre; aunque una traición te hiera; aunque una ilusión se apague; aunque el dolor queme los ojos; aunque ignoren tus esfuerzos; aunque la ingratitud sea la paga; aunque la incomprensión corte tu risa; aunque todo parezca nada; ¡VUELVE A EMPEZAR!

Dios nos habla de muchas maneras

Es cierto que Dios nos habla de muchas maneras, en distintos leguajes y en circunstancias diversas.

En el día de hoy mi hijo mediano tenia un cita con el doctor, y como de costumbre acudimos a la cita con media hora de anticipación. En el trayecto hacia el hospital, yo trataba de condicionarme, a la tediosa y larga espera que representa un visita al medico. Pienso que para nadie es muy grato este tipo de visita. Cuando entramos a la sala de espera, reinaba una especie de calma poco peculiar, no era la tensa calma que por lo general caracteriza estos lugares, pues todo el mundo siempre espera en calma, pero ansioso por ser atendido para retirarse, con la preocupación del resultado de su visita.

Era un salón amplio y claro, decorado con los motivos y colores pertinentes para un hospital pediátrico. Se podía observar el exterior a través de grandes ventanas que cubrían todo un lateral del salón, integrando así los dos ambientes, dotando al lugar de armonía y tranquilidad.
Atravesamos mi hijo y yo la sala, para dirigirnos a la ventana de atención al paciente y hacer los papeles necesarios. Luego de terminar con los formularios, nos dispusimos a tomar asiento. Una vez instalados, y pasados de unos minutos, comencé a sentir el lugar.

No era la calma obligada de quien espera con paciencia, no era la tranquilidad que requiere en un lugar como este, no…., era algo más, en el lugar había paz, pero no la paz que se produce por la ausencia de movimientos brusco ni ruidos estrepitantes, no….., era realmente paz.
Me dispuse a observar a las personas que estaban allí y realmente, todos estaban como envueltos en ese ambiente casi de un templo.
En la medida que observaba y sentía esa paz, pero con más fuerza, ocupaba toda mi mente y comencé a experimentar una especie de claridad mental, que podía sentir los sentimientos de mis acompañantes en aquel lugar y casi podía identificar sus miedos, frustraciones y alegrías.

Me sentía algo extraño, pero al mismo tiempo, una seguridad y claridad me cubrían, casi como si estuviera en presencia de alguien o algo que me estuviera mostrando algo, creo que estaba presenciando al ser humano en casi su totalidad, no solo el físico, si no que podía sentir y comprender a cada una de aquellas personas, que hasta ese momento eran extrañas, y sin haber intercambiado una solo palabra con ninguna de ellas.

Me deje llevar, sin cuestionar nada, ni siquiera a mi mismo.

La puerta se abre y entra una señora de unos cuarenta y tantos anos con su hijo casi parapléjico, con sus dos manos enyesadas. Algo hacia que me fijara en los dos nuevos integrantes que se nos unían en la espera. La mujer, de cabellos claros, delgada y con un rostro algo marcado por el tiempo. No podía desligar mi atención de ellos. Cada vez más me conectaba con la realidad que me estaban mostrando. ¿Qué hay aquí? Me preguntaba. Y como en soplo surge en mi mente….! Aceptación!
Poco a poco fui comprendiendo….una mujer que sufrió mucho en los primeros tiempos por la realidad de su hijo, una mujer que vio frustrados sus sueños de madre y abuela, Aquella mujer sobre su dolor construyo su nueva realidad, de la persona alegre, amistosa, simpática, comunicativa, dio paso a un nuevo ser. La huellas de su rostro dejan ver claramente esa metamorfosis que dio lugar a alguien que acepto, sin dejar de ser, la realidad de madre amorosa y dedicada a su hijo. No la dedicación porque no hay otra alternativa, sino la dedicación que surge como fruto del amor, fruto de la aceptación de que su experiencia esta dada precisamente en la dedicación, quizás ella misma no sabe, o no comprende que en esa entrega, esta su conquista mas grande.

Envuelto en mis pensamientos, como ráfaga vienen las ideas. Esas criaturas, que muchas veces yo había pensado que sufrían también sin tener culpa, son el puente, el camino, la graduación para los padres que aprenden aceptar la presencia de ángeles entre ellos para su propio crecimiento espiritual y de vida. Esos niños, que nos parecen que no están aquí, son la línea que divide lo humano y lo divino. Ellos vienen para que seamos nosotros los que vivamos la experiencia que nos toca y para ser presencia tangible de Dios.

Esta señora acepto el reto de crecer, y comprendió que su vida no cambio, solo la manera de vivirla. Las huellas en su rostro, su mirar sereno, y por sobre todo, su dedicación y el amor a su hijo así lo demuestran,
Entre tanto todo esto pasaba por mi mente, otros tres nuevos integrantes se sumaban a la sala. Era una niña de unos catorce o quince anos, acompañada de su madre y su abuela.

La niña tenia un pequeño defecto en las piernas que se hacia notorio en su caminar. Ojos vivaces propios de su edad, pero un tanto tristes, Sentía un poco de complejo, pero a pesar de eso, sentía que tenia mucho por hacer y dar. Una niña bonita, cabello negro y vestida a la moda como cualquier jovencita. Se escuchaba algo de la conversación que sostenían entre la madre, la abuela y ella. Madre y abuela trataban de aconsejar a la niña. La madre le decía que los complejos están en la mente, que las personas pueden ser todo lo que quieran ser, siempre que se lo proponga, que ella no tenia que someterse al tratamiento, pues resultaría doloroso y molesto. Pero, si cierto era el consejo de la madre, aun mas cierto y contundente para mi fue la respuesta de la niña….”Mis piernas no están en mi mente, las tengo aquí y las acepto, pero si tengo la oportunidad de arreglarlas, vale la pena tratar aunque duela un poco”

Para mi, el razonamiento de la niña tiene toda la dimensión de la fortaleza de espíritu. Ella acepta, pero si puede cambiar, quiere intentarlo.

Llaman a mi hijo. Caminamos hacia la asistente que nos guía por un pasillo, ella se detiene y nos hace sentar por unos instantes porque hay que esperar algo. Tomamos asiento. Unos instantes después, (no se cuando ocurrió) me percato que nos encontramos sentados en el centro de una hilera de sillas en cuyos extremos están la madre con su hijo, y en el otro la niña con sus acompañantes. ¿Casualidad? No, es casi el resultado de todo aquello que me ha estado ocurriendo, estoy en el centro de lo que se debe aceptar por que no se puede cambiar, y lo que se debe tratar de cambiar si se puede, aunque sea cuesta arriba.

Cuando me percato de forma conciente de la enseñanza y el mensaje que encierran estas dos realidades, siento una brisa que me acaricia la cara e inmediatamente aparece la asistente del doctor para conducirnos al cuarto de reconocimiento.
Aceptación es el mensaje, aceptar aquello que no puedo cambiar y luchar por cambiar lo que si se puede.

Cuánto tiempo y energía gastamos enfocados en aquellas cosas que no tenemos solución en nuestras manos, porque responden al plan divino, y cuan poca a aquellas en las que si podemos

Después de todo esto, surgió en mí la necesidad de decir: Gracias Señor.

Cuento esta experiencia para llamar la atención, a que estemos pendientes de los detalles que día a día nos ocurren. Puede ser un ángel que nos hable, un guía, o puede ser Jesús. Dios nos habla de muchas maneras, en distintos leguajes y en circunstancias diversas, estemos pendientes.

Señor enséñame a aceptar la voluntad del Padre y ayúdame a cambiar lo que puedo y debo cambiar y aceptar lo que no

Que la paz este con todos

© Juan Sedano

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