Aunque sientas el cansancio; aunque el triunfo te abandone; aunque un error te lastime; aunque un negocio se quiebre; aunque una traición te hiera; aunque una ilusión se apague; aunque el dolor queme los ojos; aunque ignoren tus esfuerzos; aunque la ingratitud sea la paga; aunque la incomprensión corte tu risa; aunque todo parezca nada; ¡VUELVE A EMPEZAR!

El mayor riesgo: aprender a vivir

Hoy una vez más el destino puso en mi camino una maravillosa persona. Desde el primer contacto con él sentí una confianza como si lo conociera de toda mi vida, sin poses, miedo al que dira y aquellos prejuicios que muchas veces nos impiden ser tal cual somos por temor a ser rechazados simplemente, sin máscara alguna.

Mi manera de ver, vivir la vida era siempre la de una persona impulsiva, impaciente, creativa; extremista soñadora, explosiva y un tanto caprichosa y posesiva con todo y nada. Caminando contra corriente pero de ideas y valores firmes. Sin embargo, con el paso del tiempo estas fueron las lecciones que dejo en mí:

A disfrutar y valorar los pequeños detalles.
Todo tiene su tiempo en esta vida y esto es: situaciones, relaciones inter-personales y experiencias que se tienen que vivir. No puedes adelantar, forzar algo, ya que con eso sólo te llevará al fracaso.
Que mi corazón estaba en las personas y cosas que realmente me importaba.
A pedir disculpas cuando sabía que mi comportamiento no era el adecuado, dejando a un lado el orgullo siendo una persona humilde.
Descansar, mas, nunca desistir de mis sueños, sino hacerlos realidad y jamas darme por vencida.
La paciencia, puesto que nada ganaba con querer comerme el mundo en un instante.
A dar a los demás sin esperar nada a cambio, puesto que los sentimientos nunca se agotan.

Esto y más quedó en mi, sobre todo me enseño a ser una persona auténtica. Simplemente, me enseñó que el riesgo más grande que vale la pena y debemos correr, es vivir sin importar cuantas veces descanse, siempre hay algo nuevo que aprender.

Nadia Kabande Toledo,

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