Aunque sientas el cansancio; aunque el triunfo te abandone; aunque un error te lastime; aunque un negocio se quiebre; aunque una traición te hiera; aunque una ilusión se apague; aunque el dolor queme los ojos; aunque ignoren tus esfuerzos; aunque la ingratitud sea la paga; aunque la incomprensión corte tu risa; aunque todo parezca nada; ¡VUELVE A EMPEZAR!

No te olvides del pato

Había un pequeño niño visitando a sus abuelos en su granja. El tenía una honda (resortera, catapulta) con la que jugaba todo el día, practicaba con ella en el bosque pero nunca daba en el blanco. Estando un poco desilusionado, regresó a casa para la cena. Al acercarse a casa, divisó al pato mascota de la abuela. Sin poder contenerse, usó su honda y le pegó al pato en la cabeza y lo mató.

Estaba triste y espantado, y todavía en pánico, escondió el cadáver del pato en el bosque. Pero se dio cuenta que su hermana lo estaba observando. Susana lo había visto todo pero no dijo nada. Después de comer la abuela dijo, “Susana, acompáñame a lavar los platos.” Pero Susana dijo, “Abuela, Pedro me dijo que hoy quería ayudarte en la cocina, ¿no es cierto Pedro? Y ella le susurró al oído: “¿Recuerdas lo del pato?” Entonces, sin decir nada, Pedro lavó los platos.

En otra ocasión el abuelo preguntó a los niños si querían ir de pesca, y la abuela dijo, “Lo siento pero Susana debe ayudarme a preparar la comida.” Pero Susana con una sonrisa dijo, “Yo sí puedo ir, porque Pedro me dijo que a él le gustaría ayudar.” Nuevamente le susurró al oído “¿Recuerdas lo del pato?” Entonces Susana fue a pescar y Pedro se quedó.

Transcurridos muchos días en que estaba haciendo sus propias tareas y las de Susana, finalmente él no pudo más. Fue donde la abuela y confesó que había matado al pato. Ella se arrodilló, le dio un gran abrazo y le dijo, “Amorcito, yo ya lo sabía. Estuve de pie en la ventana y lo vi todo, pero porque te quiero te perdoné. Lo que me preguntaba era hasta cuando permitirías que Susana te tenga como esclavo.

¿Hasta cuándo permitirás que tus pecados sin confesar te mantengan esclavo? Hoy puedes gozar de la gloriosa libertad si te decides a perdonar y a perdonarte.
Autor desconocido

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Piensa en los que no tienen qué comer cuando rechaces tu comida