Aunque sientas el cansancio; aunque el triunfo te abandone; aunque un error te lastime; aunque un negocio se quiebre; aunque una traición te hiera; aunque una ilusión se apague; aunque el dolor queme los ojos; aunque ignoren tus esfuerzos; aunque la ingratitud sea la paga; aunque la incomprensión corte tu risa; aunque todo parezca nada; ¡VUELVE A EMPEZAR!

ÁNGELES EN EL CALLEJÓN


Una historia verdadera

Diane, una joven estudiante de la Universidad, estaba en casa por el verano.

Fue a visitar algunos amigos en la noche y por quedarse platicando se le hizo muy tarde, más de lo que había planeado y tuvo que caminar sola a su casa.

No tenia miedo porque vivía en una cuidad pequeña y vivía sólo a unas cuantas cuadras del lugar.

Mientras caminaba a su casa, oró a Dios que la salvara de cualquier mal o peligro.

Cuando llegó al callejón que le servía como atajo para llegar más pronto a su casa, decidió tomarlo; sin embargo, cuando iba a la mitad, notó a un hombre parado al final del callejón y se veía como que la estaba espe­rando.

Diane se puso nerviosa y empezó a rezar a Dios. Al instante un sentimiento de tranquilidad y seguridad la envolvió, sintió como si alguien estuviera cami­nando con ella; llegó al final del callejón y caminó justo enfrente del hombre y llegó bien a su casa.

Al siguiente día, leyó en el periódico que una joven había sido violada en aquel mismo callejón unos 20 minutos después de que ella pasara por allí. Sin­tiéndose muy mal por esa trage­dia y pensando que pudo haberle pasado a ella, comenzó a llorar dando gracias a Dios por haberla cuidado y le rogó que ayudara a la otra joven.

Decidió ir a la estación de policía, pensó que podría reco­nocer al hombre y les dijo su his­toria. El policía le preguntó si estaría dispuesta a identificar al hombre que vio la noche ante­rior en el callejón, ella accedió y sin dudar reconoció al hombre en cuestión.

Cuando el hombre supo que había sido identificado, se rindió y confesó.

El policía agradeció a Diane por su valentía y le preguntó si había algo que pudieran hacer por ella, y ella le pidió que le preguntaran al hombre por qué no la atacó a ella cuando pasó por el mismo callejón.

Cuando el policía le preguntó al hombre, él contestó:

- "Porque ella no estaba sola, había dos hombres altos cami­nando uno a cada lado de ella".

MORALEJA:

No subestimes el poder de una oración.

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